La mente es un campo de batalla
donde permanentemente se libran las luchas más importantes de nuestra vida, ya
que es ahí donde se generan las ideas positivas o negativas, los conceptos y las
percepciones de lo que vemos, creemos o deseamos.
Por ello, es muy importante dominar
los pensamientos de manera correcta para evitar que lo erróneo gobierne nuestro
ser y nos desvíe de la paz y del verdadero propósito que Dios desea ver
cumplido en cada uno de nosotros.
La fe en Dios nos enseña que nuestros
pensamientos tienen poder y pueden definir de manera trascendental nuestros actos
y sus consecuencias. Por tanto, no debemos ignorarlos. La forma adecuada de tratarlos
consiste en identificarlos y clasificarlos entre buenos y malos, filtrándolos a
través de la verdad de Dios. Posteriormente, debemos determinar que pensamiento
debo eliminar y cual debe permanecer. Una manera efectiva de identificar y
clasificar los pensamientos es comprender, en primera instancia, en que debo
pensar. Tal como lo indica la verdad de Dios: debemos pensar en todo lo que es
verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo
lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en
esto pensad.
Cuando logramos procesar los
pensamientos de manera efectiva, comenzamos a manifestar transformaciones adecuadas
en nuestra manera de pensar, permitiendo que nuestra mente y corazón se alineen
con pensamientos llenos de fe y esperanza. Esto nos acerca a la voluntad divina,
la cual es buena, agradable y perfecta.
Ganamos las batallas mentales
cuando, de manera constante, ponemos en práctica este tratamiento con cada pensamiento.
Al ejercitarnos en ello, nuestros sentimientos se transforman progresivamente hacia
lo bueno y correcto. De este modo, nuestro accionar también se modifica, como un
reflejo de lo que llevamos dentro. Así, lo que pensamos y creemos se convierten
en nuestra realidad y verdad, permitiendo que la paz, que sobrepasa todo
entendimiento, gobierne nuestro ser. Esto nos capacita para enfrentar cualquier
circunstancia, por difícil que parezca, de manera clara, sabia y consecuente, caminando
con valentía y confianza cada día de nuestra vida. De esta forma, dejamos atrás
toda conducta errónea y disfrutamos de una vida con sentido, propósito y
felicidad, actuando como aquellos que permanecieron inamovibles en la Fe, como viendo
al invisible, y murieron esperando y confiando en aquel que todo lo hace
posible.
Este texto fue inspirado y basado
en la lectura bíblica:
Filipenses 4:8
Lucas 6:45
Romanos 12:2
Hebreos 11:27